viernes, 25 de enero de 2013

No seremos libres sin libertad de pensamiento









Teniendo en cuenta todo lo que está aconteciendo y la falta de reacción de la ciudadanía, sólo me cabe pensar que hemos sido domesticados hábilmente para que se cumplan los intereses de unos pocos en detrimento de los intereses generales.

No somos libres y, además, no somos conscientes de nuestra falta de libertad. No podemos ser libres porque hemos perdido la facultad de pensar por nosotros mismos. Ya piensan por nosotros y nos programan nuestros pensamientos. Leemos la prensa, escuchamos y vemos los informativos y es ahí donde nos dicen lo que es bueno y lo que es malo, lo que nos interesa y lo que no, a quien tenemos que odiar, a quien tenemos que amar y a quien tenemos que temer.  Algunas veces nos puede resultar complicado pero no debemos dudar.

De esta manera nos dicen, y estamos completamente convencidos,  que vivimos en una democracia que vela por la igualdad y la justicia de todos, que nuestros políticos, en su mayoría, son honestos y que los recortes son necesarios.

Los supervillanos son de quita y pon. Ejemplo claro lo tenemos con Gadafi que pasó de ser un luchador por la libertad a terrorista, instructor de terrorista, más tarde se hizo bueno, fue invitado por los gobiernos y jefes de estado de los países europeos y después se convirtió en un opresor malvado que hubo que asesinar. El petróleo de Libia no ha tenido nada que ver, eso es casual. Tan causal como los yacimientos de uranio de Mali,  donde han surgido unos grupos terroristas que ponen en peligro la democracia y, lógicamente, eso hay que resolverlo aunque sea a bombazo limpio. La muerte de algunos civiles será un sacrificio necesario para el resto de la humanidad. Ya lo hemos podido comprobar anteriormente en Libia, Irán, Sierra Leona, Congo y un etcétera que jamás va cesar porque no cesa  el hambre de poder y las interesadas transacciones económicas que forman de los enfrentamientos bélicos.

Mientras, con nuestro pensamiento programado, seguimos convencidos de que vivimos en democracia, que ejercemos nuestro derecho a la libertad de expresión, que sabemos lo que nos conviene, sonreiremos aunque nos estén matando, amaremos a los que nos roban y defenderemos a los que bombardean porque lo hacen por nuestro bien. Sus negocios no tienen nada que ver.

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